Del mea culpa, al tempus fugit. Y ahora, quiere desafiar al alea iacta est (‘la suerte está echada’, que este es más desconocido). Camavinga no se rinde, ni mucho menos. Es consciente del clima de desilusión y decepción que le rodea; de que esta ha sido la peor temporada de su carrera, a nivel de rendimiento. Pero en estas, escoge ver el vaso medio lleno. Aún le quedan cinco partidos y una pretemporada con un nuevo entrenador. No, la suerte puede no estar echada. Y aunque suenen los cantos de sirena, su parte la tiene clara: quiere quedarse. Y está convencido de que quiere hacerlo convenciendo. Volver a ser Camavinga, aunque sus opciones para disputar el próximo Mundial se han alejado considerablemente en las últimas horas.
