
Todas las historias tienen su final por épicas que sean. Y la de Lionel Messi con la selección argentina se fraguó tras la final de la Copa del Mundo, esa en la que solo una España invencible evitó la última gesta del genio de Rosario. Dos días después de aquel partido, devastado en lo personal por la pérdida de su padre, el astro se sentó frente a una hoja en blanco para intentar expresar lo que sentía. “Me vacié, ya no tengo nada más que dar”, se sinceraba en un mensaje que debía llegar a una afición argentina que siempre le exigió la titánica tarea de guiar a la albiceleste, como había logrado décadas atrás Diego Armando Maradona. Un peso que solo se pudo quitar cuando alzó la Copa del Mundo tras un largo trayecto que bien podría asemejarse a aquel viaje del héroe que describió Joseph Campbell y que tantas veces se ha reproducido en la historia del cine.